No me gusta la tele pero no es mérito
mío.
Donde yo crecí sólo había TVE1 y TVE2 y con eso a ver quién tiene el valor
de aficionarse. Para cuando quisieron llegar las autonómicas yo ya estaba
"institucionalizada". Primero las monjas guardaban la tele en un armario oscuro bajo
llave y después, en el Colegio Mayor, teníamos una y media para doscientas. A los 23
me reencontré con la caja tonta, pero resulta que ya era plana y lista. Había pasado
nuestro momento. Era imposible nuestro amor (suena Camela).
Pero aunque sea de mal gusto (eso
opina mi archienemiga) uno pasa la adolescencia cuando quiere y del mismo modo yo he esperado
a los treinta para cubrir mi dosis de pantalla basura gracias a una red social
llamada Twitter. Al final, y resumiendo, ofrece los mismos bloques que la televisión:
1- INFORMACIÓN: noticias, documentales.
1- INFORMACIÓN: noticias, documentales.
Dicen los gurús que Twitter, bien
usado, es una fuente de información maravillosa. Y yo me lo creí y empecé a
seguir un montón de cuentas sesudas y de prensa. Después de un tiempo he llegado a la
conclusión de que Pedro Piqueras, entre noticia y noticia, te puede vender,
como mucho, caldo de pollo, pero en Twitter, entre tuit de interés y tuit de
interés, además del pollo te venden la burra y la Granja de San Francisco
entera, amén de colarte un montón de datos aburridísimos sobre economía que sólo
le importan a La Tigre y su sexto hijo. De los RTs mejor hablamos otro día.
Conclusión: unfollow.
2-
ENTRETENIMIENTO: películas, series.
En Twitter no hay pelis pero sí
muchos blogueros retuiteando veintisiete veces por minutos sus posts. Al
final y por aburrimiento, alguna de las veintisiete veces acabas picando, como en Ikea con los
trapos de cocina. Los posts entretienen. A veces esperas con ansia tu ración semanal y te los bebes, como una buena
serie. Por algunos pasas sin pena ni gloria como por un telefilm de Antena 3, a
otros incluso te enganchas por su trama de culebrón venezolano... pero en definitiva, todos
entretienen. Y si no, cambias de canal, osea: unfollow.
3- CORAZÓN Y BASURA: La madre de cordero.
Por supuesto, mi sección favorita.
En Twitter, salvo en cuentas corporativas (e incluso en ellas) sigues a
personas de carne y hueso. Pero Twitter es poderoso, Twitter tiene poder (suena Peret) y su
poder es persuadir a todo usuario para que muestre su vida, obra y miserias,
digo, milagros. De este modo, cualquiera, insisto, cualquiera, aunque sea tu riguroso
proveedor del punto 1 (información) o del punto 2 (entretenimiento) puede en un
momento dado desmelenarse y convertirse en proveedor del punto 3: Twitterbasura.
Llegado este punto de no retorno, el ya desinhibido usuario cualquiera comienza a mostrar al universo su microcosmos. Un microcosmos físico (son incontables los excusados, alcobas e incluso tálamos que ahora dan vueltas en mis retinas, de ésto ya hemos hablado) y un microcosmos emocional (duelos y quebrantos, a ser posible, por las más insustanciales causas que a nadie importen). Si al microcosmos cualquiera le añadimos alguna intriga palaciega (con sus dimes y sus diretes), cuarto y mitad de rumores, guillotinazos públicos y duelos al amanecer entre individuos que ni se conocen ni jamás lo harán, tenemos ni más ni menos que lo que nos merecemos: un TL salpicado de Twitterbasura. Y lo peor es que a éstos no puedo darles unfollow, porque incomprensiblemente les he cogido cariño.
Llegado este punto de no retorno, el ya desinhibido usuario cualquiera comienza a mostrar al universo su microcosmos. Un microcosmos físico (son incontables los excusados, alcobas e incluso tálamos que ahora dan vueltas en mis retinas, de ésto ya hemos hablado) y un microcosmos emocional (duelos y quebrantos, a ser posible, por las más insustanciales causas que a nadie importen). Si al microcosmos cualquiera le añadimos alguna intriga palaciega (con sus dimes y sus diretes), cuarto y mitad de rumores, guillotinazos públicos y duelos al amanecer entre individuos que ni se conocen ni jamás lo harán, tenemos ni más ni menos que lo que nos merecemos: un TL salpicado de Twitterbasura. Y lo peor es que a éstos no puedo darles unfollow, porque incomprensiblemente les he cogido cariño.
¿La culpa? Toda de Telecinco por no haber emitido en mi pueblo cuando mi alma aún podía salvarse.