Mostrando entradas con la etiqueta blog. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta blog. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de febrero de 2014

422 de Berlín

La Boticaria y yo tenemos poco en común. Si dejamos a un lado la belleza, el estilazo y unas familias envidiables, sólo nos une este blog y el amor infinito hacia la música. La de calidad.





Nos gusta la música con letra bonita. Esas letras que pueden ser citadas en una buena conversación de whatsapp. Esas palabras que al ser leídas despiertan en ti una melodía, más o menos buena, pero siempre pegadiza. Mi archienemiga, el marido de la Boticaria (antes conocido como padre gremlin) y la que escribe fuimos fans del gran disco Te huelen los pies de Emilio Aragón.









Son muchos los temas dignos de ser citados, pero de entre todos uno se erige como nuestro favorito: 422 de Berlín. La historia de esa pareja caída en el tedio de un matrimonio sin pasión que se reencuentra y decide resignarse a un "más vale conocido". ¿Hay algo más romántico y emocionante? Yo digo que no.


Os dejo el link por si os queréis deleitar con ella.

A todo esto os digo yo que si esta canción la hubieran cantado Los Ronaldos, nadie hubiera dudado jamás de ella. La culpa debió ser de Paloma y su adicción a la cirugía













jueves, 6 de febrero de 2014

Twitterbasura: La culpa fue de Telecinco



No me gusta la tele pero no es mérito mío. 
Donde yo crecí sólo había TVE1 y TVE2 y con eso a ver quién tiene el valor de aficionarse. Para cuando quisieron llegar las autonómicas yo ya estaba "institucionalizada". Primero las monjas guardaban la tele en un armario oscuro bajo llave y después, en el Colegio Mayor, teníamos una y media para doscientas. A los 23 me reencontré con la caja tonta, pero resulta que ya era plana y lista. Había pasado nuestro momento. Era imposible nuestro amor (suena Camela).
Pero aunque sea de mal gusto (eso opina mi archienemiga) uno pasa la adolescencia cuando quiere y del mismo modo yo he esperado a los treinta para cubrir mi dosis de pantalla basura gracias a una red social llamada Twitter. Al final, y resumiendo, ofrece los mismos bloques que la televisión:

1- INFORMACIÓN: noticias, documentales.
Dicen los gurús que Twitter, bien usado, es una fuente de información maravillosa. Y yo me lo creí y empecé a seguir un montón de cuentas sesudas y de prensa. Después de un tiempo he llegado a la conclusión de que Pedro Piqueras, entre noticia y noticia, te puede vender, como mucho, caldo de pollo, pero en Twitter, entre tuit de interés y tuit de interés, además del pollo te venden la burra y la Granja de San Francisco entera, amén de colarte un montón de datos aburridísimos sobre economía que sólo le importan a La Tigre y su sexto hijo. De los RTs mejor hablamos otro día. Conclusión: unfollow.
2- ENTRETENIMIENTO: películas, series.

En Twitter no hay pelis pero sí muchos blogueros retuiteando veintisiete veces por minutos sus posts. Al final y por aburrimiento, alguna de las veintisiete veces acabas picando, como en Ikea con los trapos de cocina. Los posts entretienen. A veces esperas con ansia tu ración semanal y te los bebes, como una buena serie. Por algunos pasas sin pena ni gloria como por un telefilm de Antena 3, a otros incluso te enganchas por su trama de culebrón venezolano... pero en definitiva, todos entretienen. Y si no, cambias de canal, osea: unfollow.
3- CORAZÓN Y BASURA: La madre de cordero.
Por supuesto, mi sección favorita. En Twitter, salvo en cuentas corporativas (e incluso en ellas) sigues a personas de carne y hueso. Pero Twitter es poderoso, Twitter tiene poder (suena Peret) y su poder es persuadir a todo usuario para que muestre su vida, obra y miserias, digo, milagros. De este modo, cualquiera, insisto, cualquiera, aunque sea tu riguroso proveedor del punto 1 (información) o del punto 2 (entretenimiento) puede en un momento dado desmelenarse y convertirse en proveedor del punto 3: Twitterbasura.

Llegado este punto de no retorno, el ya desinhibido usuario cualquiera comienza a mostrar al universo su microcosmos. Un microcosmos físico (son incontables los excusados, alcobas e incluso tálamos que ahora dan vueltas en mis retinas, de ésto ya hemos hablado) y un microcosmos emocional (duelos y quebrantos, a ser posible, por las más insustanciales causas que a nadie importen). Si al microcosmos cualquiera le añadimos alguna intriga palaciega (con sus dimes y sus diretes), cuarto y mitad de rumores, guillotinazos públicos y duelos al amanecer entre individuos que ni se conocen ni jamás lo harán, tenemos ni más ni menos que lo que nos merecemos: un TL salpicado de Twitterbasura.
Y lo peor es que a éstos no puedo darles unfollow, porque incomprensiblemente les he cogido cariño.  

¿La culpa? Toda de Telecinco por no haber emitido en mi pueblo cuando mi alma aún podía salvarse.