Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de marzo de 2014

El segundo sexo*

El sábado fue el día de la mujer trabajadora y no pienso entrar al trapo de si es o no necesario, de si no existe el día del hombre o de si chúpame el moño, querido. Lo es y punto. Que ser feminista os parezca más o menos pasado de moda me da igual. Las mujeres tenemos un día porque históricamente hemos sido, y aún somos, menospreciadas por razón de nuestro sexo. 


Últimamente tengo la sensación de que el hecho de ser mujer se plantea sólo  ligado a la maternidad. Me parece muy curioso, y sospechoso, que se reduzcan a este único aspecto todas las diferencias que existen entre hombres y mujeres.

En cuanto a la maternidad, en los tiempos que corren veo dos tendencias extremas y claramente opuestas (hay una extensa y obvia variedad entre estos polos, que nadie se ofenda, por favor): por un lado están las madres que reivindican con uñas y dientes su posición en el mundo laboral con un consiguiente "abandono" de sus hijos a ojos del mundo; por otro lado tenemos a las que se quedan en el hogar para cuidar de sus retoños y tenerlos colgando de la teta 3 años. Pues a mí todo me parece estupendo, en serio. Que cada una sea la madre que quiera ser pero el feminismo no habla de madres: habla de MUJERES. Porque también hay mujeres que no son madres, ¡sorpresa!, ni lo quieren ser, ¡doble sorpresa!



Para mí el feminismo es que no digas que tu marido/pareja, si lo tienes o lo quieres tener, te "ayuda en casa". ¿Perdona? ¿Ayudar? ¿Es que tienes una marca a fuego en el lomo que ponga "limpieza"? Yo no. Feminismo es que un tío no te suelte un comentario machista y te quedes con cara de tonta por no parecer una borde o una radical. Feminismo es que entiendas que puedes hacer con tu vida lo que te dé la real gana y que así debería ser para todos, hombres y mujeres. Que eso es el feminismo para mí, reivindicar que somos diferentes, pero que debemos tener los mismos derechos.




Nota: este post lo escribí el viernes. Ayer vi la portada de Smoda que muestra lo que yo os digo: que ser mujer es ser madre. ¡Y una mierda! Yo era mujer muuucho antes de tener a Moneypenny. Jamás me definiría como madre. Es algo que soy pero igual que soy hija o nieta y ello jamás me ha definido. Por lo obvio. 

*A falta de inspiración he tomado prestado, con todo el descaro del mundo, el título de un ensayo de Simone de Beauvoir. 

miércoles, 19 de febrero de 2014

El amor no tiene edad, la vergüenza sí

El viernes pasado fue San Valentín y yo lo celebré, como mandan los cánones, yéndome a cenar con una amiga. Fuimos a un restaurante de esos que tienen lista de espera para un mes (hay listas para prótesis de rodilla en este país que van más ligeras) pero con una barra muy apañada para los pobres. Una barra de las de verdad, sin decapar ni nada de eso.

Después de rozarnos con una docena de individuos/as hasta alcanzar el centro del local, avistamos un par de sitios en una especie de mesa comunal. Con su mantelito y todo. Impecables. Incomprensiblemente ignorados por la masa. Pregunté temblorosa a la camarera, con miedo a su carcajada:

- ¿No podemos sentarnos ahí, verdad?
- Si lo desean, los sitios son suyos.

Ni siquiera había apoyado el culo en el asiento cuando me di cuenta de la trampa mortal en la que habíamos caído. ¡Quién fuera Jesucristo entre los dos ladrones! Mi amiga y yo habíamos ido a crucificarnos entre dos parejas que festejaban su amor. Dos parejas con más de medio siglo de vida por individual pero menos de un telediario en común.

La cosa se puso interesante cuando nos percatamos de que se iban copiando las comandas convirtiendo aquello en un partido de ping-pong: croquetas-croquetas, tomate-tomate. El punto de partido llegó con la fuente de chuletillas que se trajinó cada pareja en modo: tú-me-das-chuletita-yo-te-doy-chuletita-abre-la-boquita-de-piñon-cari.

Ante tal espectáculo de luz y sonido, mi amiga y yo huimos sin tomar postre. Ni chuletillas.

Me parece maravilloso y encomiable que la gente haga (y rehaga) su vida a la edad que le plazca, pero ¿en qué momento una persona madura pierde el juicio y se dedica a meter mano a su acompañante en público cual adolescente a su churri en un McDonalds? ¿en qué momento se asume como normal que una persona mayor de tres años y sin incapacidad alguna sea alimentada por otra?

Estadísticamente es algo que se repite, así que quizá existan razones físico-químicos para que en la edad del Bótox algunos muestren sus afectos en modo Clearasil. O quizá, simplemente, todo se trate de mala educación. Los aspavientos amorosos impostados en mayores de edad sólo deberían permitirse al presidente de EEUU, porque tienen un fin último que es el de conseguir votos. El resto debería saber que no va a conseguir nada, y que una relación basada en esas mariconadas les durará menos que el plato de chuletillas.

En cualquier caso, mucho mejor me hubiera ido si hubiese celebrado San Valentín como Dios manda, viendo junto a mi amado cine del bueno, del que me chiva mi archienemiga:



Starring... la gran Concha Velasco, a la cual aún estáis a tiempo de ver en Hécuba. Luego no digáis que no avisé.














lunes, 10 de febrero de 2014

422 de Berlín

La Boticaria y yo tenemos poco en común. Si dejamos a un lado la belleza, el estilazo y unas familias envidiables, sólo nos une este blog y el amor infinito hacia la música. La de calidad.





Nos gusta la música con letra bonita. Esas letras que pueden ser citadas en una buena conversación de whatsapp. Esas palabras que al ser leídas despiertan en ti una melodía, más o menos buena, pero siempre pegadiza. Mi archienemiga, el marido de la Boticaria (antes conocido como padre gremlin) y la que escribe fuimos fans del gran disco Te huelen los pies de Emilio Aragón.









Son muchos los temas dignos de ser citados, pero de entre todos uno se erige como nuestro favorito: 422 de Berlín. La historia de esa pareja caída en el tedio de un matrimonio sin pasión que se reencuentra y decide resignarse a un "más vale conocido". ¿Hay algo más romántico y emocionante? Yo digo que no.


Os dejo el link por si os queréis deleitar con ella.

A todo esto os digo yo que si esta canción la hubieran cantado Los Ronaldos, nadie hubiera dudado jamás de ella. La culpa debió ser de Paloma y su adicción a la cirugía