Es cierto
que hay muchos tipos de blog, pero la mayoría de ellos tiene en común el
egocentrismo de sus autores. Éste puede manifestarse de
diferentes maneras: creyéndote experto en alguna materia, considerando que tus
gustos u opiniones son superiores a las del vulgo, enseñando tu vida privada hasta niveles insospechados o simplemente aliándote con una tiparraca con
la única finalidad de conseguir muestras de su farmacia.
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| Confianza ciega tampoco le tengo. Que conste. |
Supongo
que todos sabéis que lo de enseñar la intimidad es lo que ahora da más
beneficios. Ahora y siempre. Además del blog, otras redes sociales como
Twitter, IG, Pinterest, incluso la ya casi vintage Facebook, nos permiten
mostrar nuestra vida hasta la saciedad. Ya me definí como fan de IG, pero creo
hay mucho humano perdiendo el norte. En especial madres y padres, me vais a
perdonar. Una cosa es que tú, como adulto y en un supuesto buen uso de tus
facultades mentales, publiques lo que te salga del mismo hígado, pero lo de los
niños es otro tema. Otro hígado. Nuestros hijos son nuestros a favor o en
contra de su voluntad. Y no es lo mismo sacarlos de camino al cole que en la
playa. Y no es lo mismo que en la foto jueguen a pelota que que estén en
pelotas. Yo entiendo lo obnibulados que nos tienen los hijos (a mí la primera) y
debe ser así, pero la línea es delgada (y a veces se mueve, la cabrona). Y hay
que proteger a los niños. Incluso las fotos con candadito de IG se
capturan y vete a saber dónde acaban.
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| La niña de Coppertone NO es Jodie Foster. |
Concluyo.
Las fotos en bolas en el álbum familiar. Ya las enseñaréis en la fiesta de su
14 cumpleaños a sus amigos. Les van a encantar.
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| #amibola desde 1980 |
Nota:
desde aquí hago un llamamiento a madres blogeras consideradas trendy a que recojan la
mierda de sus casa antes de colgar "selfies" o autorretratos de toda
vida. Hay bolsas para meter la ropa sucia. Incluso cestas. Gracias.




