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martes, 3 de junio de 2014

Canta que cantarás II

Lo prometido es deuda y continúo con mi post de cantautores. 
Antes de seguir os pido que no tengáis en cuenta todos los vídeos que he añadido porque algunos son de pena, pero son la mejor manera de añadir las canciones. Gracias. 


Son muchos los cantautores que han compuestos grandes canciones que otros han hecho famosas. Uno de los casos que siempre vienen a mi mente es el de Pedro Guerra y su Contamíname. Canción que llevaron a la fama (y a la saciedad) Ana Belén y Víctor Manuel. A mí la voz de Pedro Guerra me gusta. Para rizar el rizo voy a poner un tema de Aute interpretado por Pedro Guerra: Pasaba por aquí




Hay cantautores con canciones tan bonitas que el resto no tiene más remedio que rendirles homenaje. Una de esas grandes canciones es Gracias a la vida de la polifacética Violeta Parra, de los Parra de Chile de toda la vida. Hermana de Nicanor Parra, poeta que os recomiendo(le dieron el Cervantes en 2011, seguro que os suena). Os pongo vídeo de un directo en el que Mercedes Sosa y Joan Baez cantan la conocida canción. Ahí es nada. 



Los cantautores acostumbran a musicar los versos de grandes poetas. Creo que uno de los grandes ejemplos es el de Serrat con Antonio Machado. Hay puristas a los que no les parece bien. Yo, que de purista tengo poco, considero maravilloso que se compren libros de poesía gracias a la música. En este sentido (y por ser algo más actual, poco), os recomiendo el homenaje que diversos cantantes hicieron a Pablo Neruda en el disco, y concierto, Neruda en el corazón. Me quedo con Miguel Poveda y Me peina el viento los cabellos y con Julieta Venegas con A callarse.



                                     


Es imprescindible que añada Te recuerdo Amanda de Víctor Jara. Igual que es imposible resistirse a poner el homenaje que le rindió Bruce Springsteen hace menos de un año cantando Manifiesto. ¡Qué arte tiene el tío ganándose a la gente! Normal que sea el jefe. 




Antes de hablaros del último artista, os voy a confesar que esto de compartir cantautores me ha gustado mucho más de lo que imaginé y que en un futuro, algo lejano, no os quiero agobiar, haré otro post sobre cantaurores que no canten en castellano. Es que me parece un insulto dejarme a Jacques Brel, Charles Aznavour, Raimon, Maria del Mar Bonet, Tracy Chapman, Bob Dylan, Franco Battiato y muchos más que no voy a desvelar. También he pensado en Carla Bruni y me parto. 

El último será el primero. El primero fue Paco Ibáñez en el post del patrón, León Felipe, y él debe ser el que cierre el post. Paco Ibáñez hace que me entre la risa floja con sus explicaciones previas a las canciones, sobre todo en su mítico concierto en el Olympia cuando introduce Andaluces de Jaen de Miguel Hernández. A su vez os diré que su manera de cantar los versos de los poetas españoles del 27 hace que la piel se me ponga de gallina, la sangre se me remueva y que me entren unas ganas locas de reivindicación. Sentimientos que en un día como el de hoy (ayer el rey que nos ha guiado por la larguísima transición abdicó) no van mal recordar. Y con un vídeo de A Galopar junto a Rafael Alberti me despido.
  



Si tras escuchar esta canción no os dan ganas de comeros el mundo es que no tenéis sangre. En serio. ¡Salud y república!


jueves, 29 de mayo de 2014

Canta que cantarás I

En el post que dedicamos a León Felipe, nuestro patrón, ya hice una pequeña incursión en el mundo de los cantautores. Pues hoy les dedico el post sólo a ellos. Y ellas, claro. 
Nuestros amigos de la RAE definen al cantautor/a así: cantante, por lo común solista, que suele ser autor de sus propias composiciones, en las que prevalece sobre la música un mensaje de intención crítica o poética. Yo añadiría de dudosa voz. Y digo dudosa porque algunos cantan de regular tirando a mal y con la intención poética parece que se salvan.

Estoy convencida de que todos tenéis en vuestra cabeza, de forma voluntaria o involuntaria, una cantidad considerable de canciones de cantautores. A menudo suele ser cosa de nuestros padres que desde pequeños nos "torturan" con su música (escribo esto mientras la pobre Moneypenny escucha Ojalá de Silvio y su padre que se la canta y ella encantada). Personalmente nunca lo he sentido como algo negativo porque me parece que una de las mejores cosas de este mundo es la música y si encima nos arraiga a nuestros padres, más. Ahora me pongo inusualmente tierna. Será que echo de menos mi archienemiga y me relajo. 

Podemos hacer una larga lista de los cantaures que hemos heredado de nuestros padres, tíos o hermanos mayores. Y de cada uno de ellos elegir una. Yo he decidido hacer algo así y compartirlo. 

La primera en mi caso ha de ser la canción a la que, en parte, debo mi nombre. Una canción poco conocida de Joan Manuel Serrat, de 1978, no de las mejores, pero que tuvo a bien cantar para que mis padres se lanzaran a llamarme Senyoreta. Chiste. Irene.



Seguiremos con una canción que me pone la piel de gallina, la de la espalda. Cada vez que la escucho me pasa.  La voz de Pablo Milanés cuando dice "tu mano" me pierde. Es Yolanda, claro.






Yo ahora quería poner un clásico: Al alba. Dudaba si poner la versión de su autor, Luis Eduardo Aute, o la de Rosa León por reivindicar su presencia en nuestra infancia y sus gafas. Al final he encontrado esta actuación de ella con Miguel Ríos y no me he podido resistir. 


 



En esta casa el fan de Silvio Rodríguez es Mr. Xarin junto con sus hermanos. Te doy una canción es una de mis favoritas. 



De Joaquín Sabina (primer famoso al que recuerdo haber visto de pequeña) me quedo con Y sin embargo. Al final voy a resultar ser una romántica de verdad. 




Mi idea era que esto fuera un único post. Pero pongo el I en el título y lo divido. Prometo publicar la segunda parte la semana que viene. Yo no me canso, pero imagino que vosotros sí. Gracias si habéis llegado hasta aquí. Aunque antes de acabar tengo que añadir a esta primera mitad una útlima canción.

Isamel Serrano me gustó mucho en su día con Atrapados en Azul. Querría poner otra canción pero la boticaría García merece que escuchemos México insurgente

miércoles, 30 de abril de 2014

Ya estamos a treinta

Mayo es a los meses del año como el jueves a los días de la semana. No es uno de los "tres grandes", junio, julio y agosto, pero anticipa su tono festivo. Para empezar, el día uno es fiesta, y en Madrid el dos también. ¿Acaso hay mejor forma de comenzar un mes que sin trabajar? (además de habiendo cobrado la nómina, se entiende).

Hoy es 30 de abril. La víspera del mes víspera. Es uno de mis días favoritos del año por los recuerdos (absolutamente idealizados, supongo) que tengo de todos los 30 de abril en mi infancia.

Hace unas veinticinco primaveras yo pasaba los días en una escuela, de estas con solera, de las construidas durante la II República, bajo las instrucciones de la Señorita T. La Señorita T, que era un amor, también parecía sacada de la II República, o quizá de alguna época anterior.


Era una escuela muy similar a la de la foto, de techos infinitos y tablones de madera vieja en el suelo. Y allí, bajo la atenta mirada de Sus Majestades, de una Virgen y de un Cristo, cada 30 de abril dos docenas y media de chiquillos se desgañitaban cantando Los Mayos. Primero a La Virgen, siempre. Y después, si había tiempo, los mayos a las mozas. La señorita T nos daba unas fotocopias con la versión mariana y pagana, y aquello se venía a arriba. Necesitábamos muy poquito más para ser felices.

Ya estamos a treinta,
de Abril cumplido,
alegraos mozas,
que Mayo ha venido. 

Por la noche, sobre las doce, al oír los primeros martillazos en el bombo de la banda de música municipal, corría hacia el balcón para ver a "los chicos mayores" cantar Los Mayos. Aquello era una versión híbrida y ambulante de canto de mayos-botellón, pero a mí me parecía lo más. Yo quería ser mayor, y que me rondaran. Bueno, en realidad me gustaba más lo de rondar yo, no os voy a engañar.

Llegó la adolescencia y con ella el internado (no sabemos si fue antes el huevo o la gallina). En este colegio, a las tres de la tarde, de todas las tardes de mayo, sonaba por megafonía una música inclasificable (subgénero celestial) en el que una monja con voz inquietante nos recordaba que era el mes dedicado a María para posteriormente rezar a coro la versión exprés de un Rosario. En contra de lo que podría pensarse, el rezo tenía una gran acogida entre el público, ya que eran 5-10 minutos de pérdida de clase "por causa mayor". Ahí ya empezábamos a necesitar algo más para ser felices, pero nos apañábamos.

Después, los años de estudiante: muchos mayos perdidos (o ganados) en la biblioteca. Mayo no era divertido, mayo era satán. ¿Éramos felices? Supongo que mucho, aunque sólo nos quejábamos, como correspondía a la época.

¿Y ahora?


Ahora en mayo no canto, ni escucho grabaciones antediluvianas (me apuesto algo a que siguen sonando, por cierto). Ahora mayo significa más horas de parque, volver a casa del trabajo siendo de día y pasar la ITV del coche. Como lo de la ITV se lo endiño a mi marido, mayo sigue siendo un mes feliz.

Que tengáis un buen 30 de abril. Os dejo una versión de Los Mayos, que no es exactamente la de mi pueblo, con la esperanza de encontrar el papel que mi síndrome de diógenes y yo tenemos guardado en algún rincón. Os recomiendo su lectura reposada. Partes como, "Esos son tus párpados, son dos picaportes,
cuando tú los cierras, yo siento los golpes", bien lo merecen.


Ya estamos a treinta,
de Abril cumplido,
alegraos mozas,
que Mayo ha venido.

Si ha venido Mayo,
bienvenido sea,
regando cañadas,
casando doncellas.

Si nos das permiso,
si nos das licencia,
para dibujarte,
de pies a cabeza.

Cuando no contestas,
ni nos dices nada,
señal que tenemos,
la licencia dada.

Esa es tu cabeza,
tan rechiquitita,
que en ella se forma,
una margarita.

Ese es tu cabello,
rubio como el oro,
que cuando lo peinas,
se te enreda todo.

Tu frente espaciosa,
es campo de guerra,
donde el rey Cupido,
plantó su bandera.

Esas son tus cejas,
tan rearqueadas,
son arcos del cielo,
y el cielo es tu cara.

Esos son tus párpados,
son dos picaportes,
cuando tú los cierras,
yo siento los golpes.

Esos son tus ojos,
luceros del alba,
que cuando los abres,
la noche se aclara.

Esas tus mejillas,
tan recoloradas,
parecen dos rosas,
en Abril criadas.

Esas tus orejas,
con tus dos pendientes,
con ellos se adornan,
tu cara y tu frente.

Tu nariz aguda,
es punta de espada,
que a los corazones,
sin sentir los pasa.

Esos son tus labios,
tan recolorados,
parecen dos lírios,
en Abril criados.

Esa es tu boca,
con sus dos carreras,
de dientes menudos,
que parecen perlas.

El hoyito, nena,
que hay en tu barbilla,
ha de ser sepulcro,
para el alma mía.

Esa es tu garganta,
tan clara y tan bella,
cuando bebes agua,
todo se clarea.

Esos son tus hombros,
son dos escaleras
para subir al cielo,
y bajar por ellas.

Esos son tus pechos,
son dos fuentes claras,
donde yo bebiera,
si tú me dejaras.

Tu cintura es junco,
criado en el río,
todos van a verlo,
cómo es tan pulido.

Ya vamos llegando,
a partes secretas,
donde yo no puedo,
dar razones ciertas.

Ya vamos llegando,
a partes ocultas,
donde yo no puedo,
dar razones justas.

Esas son tus piernas,
tan bien accionadas,
por arriba gordas,
por abajo delgadas.

Ya te hemos cantado,
todas tus facciones,
sólo falta el Mayo,
que te las adorne.

Si quieres saber fulanica,
el Mayo que te ha caido,
fulanico tiene por nombre,
menganico por apellido

miércoles, 23 de abril de 2014

Que la verecundĭa sea con vosotros

vergüenza
(Del lat. verecundĭa).
1. f. Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.
2. f. Pundonor, estimación de la propia honra. Hombre de vergüenza.
3. f. Encogimiento o cortedad para ejecutar algo.
4. f. Deshonra, deshonor.
desvergonzado, da.
(Del part. de desvergonzarse).
1. adj. Que habla u obra con desvergüenza.
desvergüenza.
1. f. Falta de vergüenza, insolencia, descarada ostentación de faltas y vicios.
2. f. Dicho o hecho impúdico o insolente.
sinvergüenza.
1. adj. Pícaro, bribón. U. t. c. s.

2. adj. Dicho de una persona: Que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades. U. t. c. s.

Recojo aquí cuatro definiciones del diccionario de nuestros amigos de la RAE. De la primera entrada he cogido sólo cuatro acepciones porque yo, como todo hijo de vecino, manipulo la realidad para mi propio beneficio.


Supongo que el tema del post de hoy está claro: la vergüenza. Parece ser que ahora la vergüenza es un defecto. Y mi reacción a esto es “¿perdona?” Con un poquito más de vergüenza no estaríamos donde ni como estamos. Si se hubiera conservado ese pundonor que cita la RAE no estaríamos rodeados de gente que cuenta y enseña sus vergüenzas sin pudor alguno. Sin pensar en el daño que hacen a sus congéneres, a la especie humana. La vergüenza es lo que hubiera mantenido la dignidad en este mundo.

A los niños desde pequeños intentamos quitarles la vergüenza. Y lo sé porque tengo una hija tímida a la que la gente le espeta "¿Estás enfadada?" y yo (que hablo por ella porque también es parca en palabras) "no. Es que es vergonzosa." Cuando en realidad querría decir "señor/a mi hija no le conoce de nada. Tiene un año y medio y ninguna necesidad de hacerle a usted una gracia. Besis." (a veces cambiaría el "ninguna" por "puta").



Empiezo a plantearme de forma muy seria que al convertir la vergüenza en defecto la hemos perdido en todas sus acepciones. Incluso en las que son casi sinónimas de ética o moral. Voy a poner un par de ejemplos:

Si las personas que alcanzan un nivel elevado de poder estuvieran provistos de la virtud que hoy nos atañe, no hubieran sido capaces de apoderarse de las vidas de los demás y vapulearlas con el único fin del propio enriquecimiento. Un suponer.

Si los tertualianos que vemos prodigarse por platós de televisión y estudios de radio tuvieran un poquito de vergüenza no estaríamos tan mal informados sobre la realidad que nos toca vivir y seguiríamos viendo como normal no hablar de un tema que desconocemos. A este punto debo añadir que escuchando la radio en mi viaje en coche de Semana Santa he encontrado que parte de culpa la tiene Fito, el de Fito y Fitipaldis, que canta “a perder el miedo a quedar como un idiota”. Pues no oiga, no. Quedar como un idiota es de lo más patético que puede pasarle al ser humano y sobre todo si lo hace sin vergüenza alguna.

Sobre la vergüenza ajena no voy a hablar que me sulfuro.

NOTA: He pasado unas vacaciones estupendas, no os penséis, que el post ya lo tenía a medias antes de irme.  

IMPORTANTE: al programar el post he caído en que esto se publicará el día Sant Jordi, con lo bonito y original que hubiera sido un post al respecto. A mi bola hasta para esto. Un desastre. Feliç Sant Jordi!

lunes, 10 de febrero de 2014

422 de Berlín

La Boticaria y yo tenemos poco en común. Si dejamos a un lado la belleza, el estilazo y unas familias envidiables, sólo nos une este blog y el amor infinito hacia la música. La de calidad.





Nos gusta la música con letra bonita. Esas letras que pueden ser citadas en una buena conversación de whatsapp. Esas palabras que al ser leídas despiertan en ti una melodía, más o menos buena, pero siempre pegadiza. Mi archienemiga, el marido de la Boticaria (antes conocido como padre gremlin) y la que escribe fuimos fans del gran disco Te huelen los pies de Emilio Aragón.









Son muchos los temas dignos de ser citados, pero de entre todos uno se erige como nuestro favorito: 422 de Berlín. La historia de esa pareja caída en el tedio de un matrimonio sin pasión que se reencuentra y decide resignarse a un "más vale conocido". ¿Hay algo más romántico y emocionante? Yo digo que no.


Os dejo el link por si os queréis deleitar con ella.

A todo esto os digo yo que si esta canción la hubieran cantado Los Ronaldos, nadie hubiera dudado jamás de ella. La culpa debió ser de Paloma y su adicción a la cirugía