lunes, 17 de febrero de 2014

La tonta del blog

Me hace gracia cuando en tuiter me hago la lerda sobre blogs y cuela. Me fascina que penséis que alguien observador como yo no se ha dado cuenta, en todos estos años, de cómo va el cotarro. (Cotarro y catarro son palabras muy molonas, ahí lo dejo).





Es cierto que hay muchos tipos de blog, pero la mayoría de ellos tiene en común el egocentrismo de sus autores. Éste puede manifestarse de diferentes maneras: creyéndote experto en alguna materia, considerando que tus gustos u opiniones son superiores a las del vulgo, enseñando tu vida privada hasta niveles insospechados o simplemente aliándote con una tiparraca con la única finalidad de conseguir muestras de su farmacia. 



Confianza ciega tampoco le tengo. Que conste.



Supongo que todos sabéis que lo de enseñar la intimidad es lo que ahora da más beneficios. Ahora y siempre. Además del blog, otras redes sociales como Twitter, IG, Pinterest, incluso la ya casi vintage Facebook, nos permiten mostrar nuestra vida hasta la saciedad. Ya me definí como fan de IG, pero creo hay mucho humano perdiendo el norte. En especial madres y padres, me vais a perdonar. Una cosa es que tú, como adulto y en un supuesto buen uso de tus facultades mentales, publiques lo que te salga del mismo hígado, pero lo de los niños es otro tema. Otro hígado. Nuestros hijos son nuestros a favor o en contra de su voluntad. Y no es lo mismo sacarlos de camino al cole que en la playa. Y no es lo mismo que en la foto jueguen a pelota que que estén en pelotas. Yo entiendo lo obnibulados que nos tienen los hijos (a mí la primera) y debe ser así, pero la línea es delgada (y a veces se mueve, la cabrona). Y hay que proteger a los niños. Incluso las fotos con candadito de IG se capturan y vete a saber dónde acaban. 


La niña de Coppertone NO es Jodie Foster.


Concluyo. Las fotos en bolas en el álbum familiar. Ya las enseñaréis en la fiesta de su 14 cumpleaños a sus amigos. Les van a encantar. 


 #amibola desde 1980



Nota: desde aquí hago un llamamiento a madres blogeras consideradas trendy a que recojan la mierda de sus casa antes de colgar "selfies" o autorretratos de toda vida. Hay bolsas para meter la ropa sucia. Incluso cestas. Gracias. 




miércoles, 12 de febrero de 2014

Hécuba

Los griegos han derrotado a los troyanos y Hécuba, la que fue su reina, es ahora una esclava. Sin embargo, los dioses aún planean arrancarle algo más doloroso que el trono: sus hijos. Y lo harán de la forma más cruel y retorcida. Caramba con la imaginación de Eurípides. Finalmente, la vieja Hécuba hundida, pero no acabada, encontrará su bárbara y atroz venganza sobre el traidor Poliméstor. Lo que viene siendo "un final feliz" en una tragedia.


La obra

El telón ya está abierto cuando el espectador entra en el Teatro Español. En el escenario, un decorado desolador presidido por una escalera que dará que hablar, y un sillón desvencijado que bien podría haber salido de cualquier pop-up store navideña. Sobre la arena y el polvo que cubre las tablas, gobierna siempre Concha y deambula un grupo de esclavas enajenadas. 

 
 

 

¿Por qué ir a ver Hécuba?

- Por las terribles ganas de bajar y abofetear a Ulises.
- Por el vuelo de la capa de Agamenón y su forma de reposar sobre los escalones. Para algunos carnavalesca, para mí imponente.
- Por el repiqueteo de las conchas del oráculo que cuelgan del cuello de la bruja, resonando (e inquietando) durante toda la obra.
- Por los pectorales ensangrentados de Poliméstor. Alberto Iglesias: desde el sábado eres mi nuevo Ginés García Millán. Y eso es mucho decir.


 
Y por supuesto, por Concha. Podría haber seguido pegada a mi butaca viéndola actuar durante mucho más tiempo, sin cansarme. Su naturalidad, su forma de transmitir que está de vuelta de todo (tanto en realidad como en ficción), su rotunda seguridad. Todo. Lo tiene todo.


Concha sabe gritar, temblar y rasgarse a partes iguales. Ser Hécuba es lo mejor que va a hacer al final de su vida profesional y lo sabe. Lo disfruta. Al final, tras derramar varios puñados de tierra sobre su cabeza con las rodillas clavadas al suelo, y una vez terminada la obra, pide ayuda para incorporarse y recibir la ovación. Levanta los brazos con energía haciendo el símbolo de la victoria contagiando a los de sus compañeros. Ya quisiera Casillas haber levantado las copas con el ímpetu de Concha.

Los aplausos son eternos. Sus compañeros la dejan sola y va subiendo lentamente la escalera por la que antes se pavoneó Agamenón. Último saludo, se gira despacio y camina de espaldas al público lentamente hasta desaparecer con la dignidad de quien lleva 60 años ganándose el respeto del respetable.
 

Nadie se acuerda entonces de la chica ye-yé, ni de las compresas de incontinencia, ni siquiera de esas nalgas flácidas y ajadas de prostituta vieja que nos enseñó sin pudor en La Latina hace unos años. Qué difícil es conseguir que todos te vean simplemente como Concha. Ojalá éste sea sólo tu antepenúltimo mejor papel. 
 
 
**Hécuba se representará hasta el 23 de febrero en el Teatro Español.
 
 

lunes, 10 de febrero de 2014

422 de Berlín

La Boticaria y yo tenemos poco en común. Si dejamos a un lado la belleza, el estilazo y unas familias envidiables, sólo nos une este blog y el amor infinito hacia la música. La de calidad.





Nos gusta la música con letra bonita. Esas letras que pueden ser citadas en una buena conversación de whatsapp. Esas palabras que al ser leídas despiertan en ti una melodía, más o menos buena, pero siempre pegadiza. Mi archienemiga, el marido de la Boticaria (antes conocido como padre gremlin) y la que escribe fuimos fans del gran disco Te huelen los pies de Emilio Aragón.









Son muchos los temas dignos de ser citados, pero de entre todos uno se erige como nuestro favorito: 422 de Berlín. La historia de esa pareja caída en el tedio de un matrimonio sin pasión que se reencuentra y decide resignarse a un "más vale conocido". ¿Hay algo más romántico y emocionante? Yo digo que no.


Os dejo el link por si os queréis deleitar con ella.

A todo esto os digo yo que si esta canción la hubieran cantado Los Ronaldos, nadie hubiera dudado jamás de ella. La culpa debió ser de Paloma y su adicción a la cirugía. 













jueves, 6 de febrero de 2014

Twitterbasura: La culpa fue de Telecinco



No me gusta la tele pero no es mérito mío. 
Donde yo crecí sólo había TVE1 y TVE2 y con eso a ver quién tiene el valor de aficionarse. Para cuando quisieron llegar las autonómicas yo ya estaba "institucionalizada". Primero las monjas guardaban la tele en un armario oscuro bajo llave y después, en el Colegio Mayor, teníamos una y media para doscientas. A los 23 me reencontré con la caja tonta, pero resulta que ya era plana y lista. Había pasado nuestro momento. Era imposible nuestro amor (suena Camela).
Pero aunque sea de mal gusto (eso opina mi archienemiga) uno pasa la adolescencia cuando quiere y del mismo modo yo he esperado a los treinta para cubrir mi dosis de pantalla basura gracias a una red social llamada Twitter. Al final, y resumiendo, ofrece los mismos bloques que la televisión:

1- INFORMACIÓN: noticias, documentales.
Dicen los gurús que Twitter, bien usado, es una fuente de información maravillosa. Y yo me lo creí y empecé a seguir un montón de cuentas sesudas y de prensa. Después de un tiempo he llegado a la conclusión de que Pedro Piqueras, entre noticia y noticia, te puede vender, como mucho, caldo de pollo, pero en Twitter, entre tuit de interés y tuit de interés, además del pollo te venden la burra y la Granja de San Francisco entera, amén de colarte un montón de datos aburridísimos sobre economía que sólo le importan a La Tigre y su sexto hijo. De los RTs mejor hablamos otro día. Conclusión: unfollow.
2- ENTRETENIMIENTO: películas, series.

En Twitter no hay pelis pero sí muchos blogueros retuiteando veintisiete veces por minutos sus posts. Al final y por aburrimiento, alguna de las veintisiete veces acabas picando, como en Ikea con los trapos de cocina. Los posts entretienen. A veces esperas con ansia tu ración semanal y te los bebes, como una buena serie. Por algunos pasas sin pena ni gloria como por un telefilm de Antena 3, a otros incluso te enganchas por su trama de culebrón venezolano... pero en definitiva, todos entretienen. Y si no, cambias de canal, osea: unfollow.
3- CORAZÓN Y BASURA: La madre de cordero.
Por supuesto, mi sección favorita. En Twitter, salvo en cuentas corporativas (e incluso en ellas) sigues a personas de carne y hueso. Pero Twitter es poderoso, Twitter tiene poder (suena Peret) y su poder es persuadir a todo usuario para que muestre su vida, obra y miserias, digo, milagros. De este modo, cualquiera, insisto, cualquiera, aunque sea tu riguroso proveedor del punto 1 (información) o del punto 2 (entretenimiento) puede en un momento dado desmelenarse y convertirse en proveedor del punto 3: Twitterbasura.

Llegado este punto de no retorno, el ya desinhibido usuario cualquiera comienza a mostrar al universo su microcosmos. Un microcosmos físico (son incontables los excusados, alcobas e incluso tálamos que ahora dan vueltas en mis retinas, de ésto ya hemos hablado) y un microcosmos emocional (duelos y quebrantos, a ser posible, por las más insustanciales causas que a nadie importen). Si al microcosmos cualquiera le añadimos alguna intriga palaciega (con sus dimes y sus diretes), cuarto y mitad de rumores, guillotinazos públicos y duelos al amanecer entre individuos que ni se conocen ni jamás lo harán, tenemos ni más ni menos que lo que nos merecemos: un TL salpicado de Twitterbasura.
Y lo peor es que a éstos no puedo darles unfollow, porque incomprensiblemente les he cogido cariño.  

¿La culpa? Toda de Telecinco por no haber emitido en mi pueblo cuando mi alma aún podía salvarse.

martes, 4 de febrero de 2014

Los cuentos, cuentos son

El cuento literario se puede definir como aquella narración más o menos breve, escrita por un autor, con una intencionalidad artística no educadora y con elementos que se suelen acercar a lo fantástico. Es también conocido como relato. Dentro de la Teoría Literaria hay quien cree los dos conceptos son lo mismo hoy en día, pero que no lo fueron antaño. Hay también quien opina que el relato se detiene en los detalles y que el cuento, por su parte, se centra en la acción, en el factor sorpresa. Yo no creo que sea momento ni lugar de entrar en estas divergencias.

A mí me gustan los cuentos y punto.  Los que según Julio Cortázar te ganan por knock-out (nocaut para la RAE), los que según Edgar Allan Poe hay que leer de una sentada. Reconozco que fue ya en la carrera cuando me aficioné a leer cuentos. Tanta novela de lectura obligatoria en todas las de asignaturas de literatura hizo que hallara un maravilloso placer en leer algo que me llenara en poco tiempo, que me sorprendiera y que por su duración me permitiera volverlo a leer. El hecho de conocer a alguien a mitad de carrera que fuera fan del cuento hispanoamericano fue un extra.

Hay muchas recomendaciones por hacer, las imprescindibles son los ya citados Cortázar o Poe, y alguna otra que intentaré ir dando en este nuestro blog siempre que siga*. De momento no vamos mal, ¿verdad Boticaria? Sigo sin ir a eventos a comer y recibir regalos, pero al tiempo.

Jorge Luis Borges 

Uno de mis autores favoritos es Jorge Luis Borges. La altivez con la que escribe y la dificultad de sus textos me motiva. Me obliga a releer. Sus cuentos, relatos o cómo los queráis llamar, despiertan mi intelecto. Hacen que me sienta ignorante y a mí sentirme así me incita a querer saber. Y de repente, entre tanto conocimiento y tanta cita (alguna inventada, según mi profe, para provocar vértigo en el lector), nos lleva a un mundo fantástico, su mundo fantástico. De universos irreales y de tiempos paralelos o divergentes.

Me obligo a parar. Os aburro. Perdón. Me enrollo demasiado porque es un tema que me apasiona. Casi tanto como las fotos de IG.


Su tumba está en el cementerio de Plain Palais en Ginebra. En febrero de 2009 la visitamos.


Antes de despedirme os digo que mi relato favorito de Borges es Las tres versiones de Judas y que él escribió sobre El Aleph antes que Coelho y mucho antes de que Nena Daconte cantara. Otro cuento maravilloso es Funes el memorioso (dentro de Ficciones) cuyo inicio debería engancharos al instante:

“Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detrás del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzador. Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre.”





*Si esto no dura, sabed que quería hablar de Roald Dahl, Franz Kafka, Pere Calders, Mercè Rodoreda, Juan Rulfo, Francisco Ayala, Ernest Hemingway, Quim Monzó y un largo etcétera.